El calor no es democrático
El calor cuestiona la idea de que todas y todos vivimos el mismo presente
El calor llega para todas y todos.
Entra en las ciudades, en los pueblos, en las casas, en los lugares de trabajo. El termómetro marca la misma temperatura para quien vive en un apartamento fresco y para quien vive en una casa donde el calor queda atrapado durante horas.
Para quien puede encender el aire acondicionado sin pensarlo y para quien mira la factura antes de decidir cómo afrontar un día sofocante.
Parece una de las pocas experiencias verdaderamente comunes.
Y, sin embargo, el calor no es democrático.
No porque la temperatura sea diferente.
Sino porque son diferentes las condiciones con las que atravesamos un mismo cambio.
El mismo verano puede significar descanso para algunas personas y esfuerzo para otras.
La temperatura puede ser la misma.
Las posibilidades de vivirla, no.
El mismo presente, diferentes posibilidades
Durante mucho tiempo hemos pensado en el clima como una gran cuestión ambiental, algo que afecta al planeta en su conjunto.
Pero cuando el calor entra en nuestros días, en nuestras casas y en nuestros espacios de vida, nos recuerda algo sencillo:
no todas las personas atraviesan el mismo presente de la misma manera.
Hay personas mayores que afrontan los días más calurosos sin una red familiar cercana.
Hay personas para quienes un día bajo el sol no es solamente una molestia, sino una dificultad concreta.
Hay familias que, sin encontrarse en situaciones de pobreza extrema, tienen que prestar atención a los gastos cotidianos, elegir, renunciar.
Porque existe una zona silenciosa de la dificultad.
Es la de quienes no siempre son reconocidos como personas vulnerables, pero sienten cómo cada día se reduce el espacio de sus posibilidades.
Personas que siguen viviendo, trabajando, cuidando de otras personas y organizando su vida cotidiana, pero que tienen que prestar cada vez más atención al peso de sus decisiones.
La pregunta no siempre es:
«¿Puedo permitirme algo más?»
A veces es:
«¿Qué puedo dejar para más adelante?»
El verano no es igual para todas las personas
El verano suele presentarse como el tiempo de la ligereza.
Las vacaciones.
Los viajes.
Las largas noches de verano.
Pero la ligereza no se distribuye de la misma manera.
Cuando las ciudades se vacían, algunas personas experimentan una mayor soledad.
Cuando aumentan las temperaturas, algunas situaciones de vulnerabilidad se vuelven más difíciles de gestionar.
Cuando aumenta el coste de la energía, el calor entra también en las cuentas de las familias.
No es solamente una cuestión de bienestar.
Es una cuestión de posibilidades.
La posibilidad de protegerse.
La posibilidad de elegir.
La posibilidad de afrontar un cambio sin sentirse a solas.
Del ventilador de casa al mundo que cambia
Un ventilador encendido en una habitación puede parecer una escena pequeña.
Pero en esa escena entra el mundo.
Porque vivimos en un tiempo en el que lo que sucede lejos puede llegar muy cerca.
Una crisis energética, una tensión internacional, una guerra o una dificultad en las rutas comerciales pueden tener consecuencias en la vida cotidiana de personas que viven a miles de kilómetros de distancia.
Un barco bloqueado en un estrecho estratégico puede parecer una noticia lejana.
Y, sin embargo, sus efectos pueden llegar a los precios de la energía, al transporte y al gasto cotidiano.
Pueden llegar hasta nuestras cocinas.
El mundo está cada vez más conectado.
Pero las consecuencias de esta conexión no son vividas de la misma manera por todas y todos.
La geopolítica del calor
El calor no es solamente una cuestión climática.
Es una cuestión social, económica y política.
La energía, los recursos, el trabajo, el coste de la vida y el cambio climático forman parte de un mismo escenario.
Las grandes transformaciones globales entran en nuestras vidas cotidianas.
A menudo sin pedir permiso.
Y entonces la pregunta es:
¿quién dispone de los recursos necesarios para protegerse?
¿Quién puede adaptarse con mayor facilidad?
¿Quién corre el riesgo de quedarse atrás?
No basta con observar cuántos grados marcará el termómetro.
Tenemos que preguntarnos qué sociedad queremos construir mientras el mundo cambia.
Atravesar juntos lo que cambia
La estación cálida del calendario terminará.
Llegarán los primeros días más frescos.
Llegarán las facturas, las cuentas que hacer, quizá también alguna preocupación y alguna que otra maldición al ver las cifras.
Y después, como cada año, empezaremos a hablar de Navidad, de planes, de cosas que organizar.
Porque la vida, a pesar de todo, tiene que seguir adelante.
Pero seguir adelante no debería significar únicamente resistir en soledad.
Debería significar construir comunidades capaces de reconocer las dificultades, escuchar las voces más vulnerables y atravesar juntas los cambios.
El calor llega para todas y todos.
Pero la manera en que lo atravesamos dice mucho de la sociedad que somos.