Agenda 2030 y mujeres de las diásporas: más allá de los estereotipos de la narrativa pública
Las mujeres de las diásporas suelen ser presentadas como “sujetos vulnerables”.
Pero esta narrativa es incompleta.
Según las Naciones Unidas, las mujeres migrantes representan casi la mitad de la población migrante mundial y contribuyen de manera decisiva a los sistemas económicos y sociales de los países de acogida.
En el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, esta cuestión está directamente relacionada con al menos tres Objetivos de Desarrollo Sostenible:
ODS 5 (Igualdad de género): porque las desigualdades no son lineales. Las mujeres de las diásporas suelen experimentar una redefinición de sus roles sociales y profesionales en los países de acogida, recorriendo trayectorias complejas de reconocimiento, autonomía y transformación.
ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico): el trabajo de las mujeres migrantes no puede reducirse a una sola categoría. Junto a los sectores del cuidado y la asistencia, muchas mujeres son emprendedoras, trabajadoras cualificadas, profesionales, empleadas de servicios públicos, docentes, integrantes de ONG, representantes sindicales y actoras del tercer sector. Otras lideran asociaciones, actividades económicas y redes comunitarias, construyendo nuevas formas de economía y participación.
ODS 10 (Reducción de las desigualdades): el desafío no es únicamente económico, sino también de reconocimiento social y profesional. Las trayectorias de las mujeres de las diásporas muestran que las competencias y conocimientos no desaparecen con la migración; a menudo son renegociados, reinventados o infravalorados en los contextos de llegada.
En este sentido, hablar de mujeres de las diásporas significa reconocer una realidad plural:
no solo trabajo de cuidados, sino también profesionalidad, liderazgo asociativo, emprendimiento, participación cívica y competencias transversales que atraviesan diferentes sectores.
Es precisamente en este punto donde se sitúa el trabajo de nuestra red: un espacio político y social en el que las mujeres de las diásporas no son representadas como “objeto” de inclusión, sino como sujetos activos de transformación.
Una red que reúne experiencias diversas —trabajo, asociacionismo, emprendimiento, formación y activismo— para afirmar que el reconocimiento no es un gesto simbólico, sino una cuestión estructural de acceso, derechos y poder.
Las mujeres de las diásporas no son una categoría que describir, sino una fuerza social y económica que ya está transformando los territorios en los que vive.
Reconocerlo no es un gesto simbólico: es una decisión política.